ENTREVISTAS

[ENTREVISTAS][bsummary]

OPINIÓN

[OPINIÓN][bigposts]

LA RATONERA

[LARATONERA][twocolumns]

Cuando la ideología de género se impone a la sociedad

Una auténtica ideología de género está a punto de imponerse totalmente en nuestras sociedades occidentales, por lo que es necesaria una acción que logre desencriptar estos discursos políticos.


Por Vincent Leviez | 

«No existe ninguna teoría de género en el sentido de un cuerpo ideológico preciso, existen, por el contrario, estudios de género, campo de investigación universitaria que se interesa por la construcción de las identidades femenina y masculina». ¿Quién no ha entendido ya esta diatriba, utilizada de forma pavloviana por los perros guardianes de la biempensancia, como para cuestionar la gran influencia del género en la escuela y en la pedagogía? Se trata, efectivamente, de una “ideología de género” que gana terreno pasando del mundo universitario al mundo político, razón por la que todavía se hace más problemática.

En efecto, el concepto de “teoría”, además de reenviar simbólicamente a la idea de complot, no es apropiado para describir lo que está poniéndose en marcha en el debate público en torno al concepto de género. Los investigadores universitarios en este campo son, en efecto, muy heterogéneos y dispares como para merecer tal calificación. Esto no impide descubrir en algunos de estos universitarios y también en algunos intelectuales y responsables políticos, una “ideología” común en la materia que reposa sobre tres postulados principales.

En primer lugar, se trata de considerar que las construcciones sociales puestas al día por los estudios de género derivan exclusivamente de lo arbitrario, planteando la extrema oposición entre naturaleza y cultura. Por poner un ejemplo, el instinto maternal no será más que una pura construcción histórica, sin ninguna relación con esa característica biológica esencial que es la maternidad. Supone desconocer, cuando no despreciar, que nosotros estamos moldeados por la naturaleza y la cultura, y que cualquier distinción demasiado neta entre estos dos universos está condenada al fracaso.

El segundo postulado consiste en querer deconstruir, a marchas forzadas, estas construcciones, en nombre de su carácter arbitrario, supuestamente opresivo. Este enfoque desprecia el valor de las estructuras que no están racionalmente fundadas, rechazando la idea de un camino de adaptación y que está, por tanto, en la base de todas las teorías evolucionistas. El hecho de que la mayoría de las niñas pequeñas prefiera el color rosa es tan arbitrario como la evolución genética que ha conducido a la especie del leopardo: ¿hay que concluir, en consecuencia, que estas dos “construcciones” no tienen ningún valor?

En fin, esta ideología de género reposa sobre una visión extensiva del papel de lo político en la sociedad. Detrás de los cándidos experimentos del ABC de la igualdad, se percibe claramente la voluntad de reorientar las conciencias, por no decir de redirigir los equívocos, confiando la educación nacional a profesores muy alejados de las preocupaciones originales. Haciendo esto, la política infantiliza a la sociedad y minimiza las evoluciones que se operan naturalmente en su seno: que no ven que el sexismo y el machismo, afortunadamente, han disminuido drásticamente en el curso de las últimas décadas, y que este movimiento no va a detenerse, sin necesidad de ningún activismo político.

Oponerse a esta ideología de género supone, entonces, adoptar un razonamiento en tres tiempos: 1) todo lo que constituye la identidad masculina y femenina no es arbitrario; 2) incluso cuando algunas de estas construcciones fueran arbitrarias, ello no implica que no tengan ningún valor; 3) incluso cuando no tuvieran ningún valor, ello no supone forzosamente que la política deba forzar las evoluciones que corresponden a la propia dinámica de la sociedad.

Más allá de la simple cuestión del género es la transposición liberal del discurso sociológico universitario (secuestrado por la izquierda) sobre el discurso político (condicionado por lo políticamente correcto impuesto también por la izquierda) la que merece cuestionarse. Hay que reconocerle al discurso político una especificidad propia: no puede ni debe conformarse con describir lo real, sino que debe tener vocación de actuar sobre lo real. En particular, la estabilidad y la prosperidad de la sociedad exige que el discurso político mantenga la idea de la libertad y de la responsabilidad individual. Explicar que las discriminaciones, sean ellas sexuales, étnicas o religiosas, son el determinante principal del destino de los individuos es, en realidad, socavar los fundamentos de la sociedad.

Frente a esta visión sombría y victimista de la sociedad, hoy ampliamente dominante, la auténtica derecha de los valores debe conducir un auténtico combate cultural, fundándose en una concepción más positiva de la sociedad, en el seno de la cual las personas puedan desarrollarse y realizarse armónicamente, manteniendo sus diferencias, pero también por encima de esas diferencias.

■ Fuente: FigaroVox

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.