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Inmigración en Suecia: un ejemplo a no seguir

El Estado del bienestar sueco ha sido alabado a menudo por la izquierda de Estados Unidos. Sin embargo, tras la crisis migratoria de 2015, cuando Suecia se vio inundada de solicitantes de refugio sirios, Suecia se enfrenta ahora a una crisis que amenaza a todo el modelo de Estado del bienestar sueco.


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Suecia tenía 9,7 millones de habitantes en 2015, antes de que recibiera 162.000 solicitantes de asilo. El 70% de esos solicitantes de asilo llegaron de Siria, Afganistán e Irak. El 70% de esos solicitantes de asilo también eran hombres. La crisis migratoria creó una insostenible situación económica y social que hizo que el establishment sueco reconsiderara su postura sobre la inmigración de asilo, que, hasta entonces, había sido sumamente de izquierdas.

No obstante, la inmigración de asilo ha continuado. Entre 2016 y 2018, han solicitado el asilo en Suecia 70.000 inmigrantes más, y se les ha concedido a más de 105.000.

La inmigración genera un impacto demográfico que afecta a la identidad nacional y cultural de Suecia, además del aplastante efecto económico que tiene sobre el Estado del bienestar sueco.

El impacto demográfico se puede ver en ciudades como la tercera más grande de Suecia, Malmö, donde las personas de origen extranjero (nacidas en el extranjero o cuyos dos padres han nacido en el extranjero) ha aumentado del 31,9% en 2002 hasta el 45,9%de la población en 2018. Ya hay tres municipios suecos donde la mayoría de la población es de origen extranjero: Botkyrka, Södertälje y Haparanda. La pregunta es entonces cómo integrar a los extranjeros si la mayoría de la población de la ciudad es de origen extranjero. El 51% de los alumnos de primaria de Malmö o bien ha nacido en el extranjero o lo han hecho sus dos padres. Dentro de una generación, la tercera ciudad más grande de Suecia tendrá una población donde la mayoría será de origen extranjero. ¿Cómo se llevará a cabo la integración de los inmigrantes entonces, y qué grupo será integrado en cuál?

La integración de los inmigrantes en la sociedad sueca ha sido un fracaso, un problema sobre el que tanto los expertos como los políticos están de acuerdo. En marzo de 2018, el 58% de los inscritos en el paro había nacido fuera de Suecia, a pesar de que la cuota del grupo en la población supone sólo el 23%. En 2018, la tasa de desempleo entre los suecos de origen extranjero era del 15,4%, mientras que el paro entre los suecos nacidos en Suecia era del 3,8%.

La Ley EBO (Lagen om eget boende, Ley de Vida Independiente) permite a los solicitantes de asilo establecerse en cualquier parte del país. Los inmigrantes suelen establecerse en áreas donde ya lo han hecho otros inmigrantes, en parte por los bajos precios de las viviendas en esas zonas y en parte porque es más fácil que los inmigrantes formen redes allí. Este proceso refuerza la segregación y crea enclaves de inmigrantes en Suecia.

La mezcla de la gran afluencia de inmigrantes y la fallida política de integración ha tenido consecuencias para la cultura sueca, que está experimentando un rápido cambio y viendo desafiada su identidad. En muchas áreas donde los inmigrantes son mayoría, no hay forma de mantener la cultura sueca porque la población tiene una cultura claramente diferente de la sueca. Esto da lugar a, entre otras cosas, cambios en el lenguaje con que se celebran públicamente las festividades.

Varios medios suecos importantes publicaron artículos en junio ensalzando el Eid al Fitr, la fiesta que pone fin al Ramadán, el mes de ayuno islámico. Empresas muy conocidas en Suecia, como Arla FoodsICA y COOP publicaron recetas en sus páginas para la ocasión. Varias voces ya han dicho que el Eid al Fitr, una fiesta musulmana, debería ser fiesta nacional en Suecia. Estas voces han provenido de los Socialdemócratas y la Iglesia de Suecia, dos instituciones que tienen una gran influencia en la sociedad sueca. A pesar de que el Eid al Fitr no se ha convertido —todavía— en una fiesta nacional, varios municipios optaron por celebrarlo.

En toda su existencia como nación, Suecia ha mantenido un fuerte lazo con su vecino ancestral, Finlandia, y el finés ha sido la segunda lengua más hablada allí. En 2018, el lingüista Mikael Parkvall señaló que el árabe es ahora la segunda lengua más hablada Suecia. Al mismo tiempo, muchos niños nacidos en Suecia aprenden sueco tan mal que no saben hablarlo correctamente, porque no se habla el suficiente sueco en los colegios de preescolar y primaria. El cambio se está desarrollando a un rápido ritmo.

No es sólo la sociedad sueca la que tendrá un aspecto radicalmente distinto dentro de una década. El Estado del bienestar sueco, que ha sido el sello distintivo del Estado sueco, famoso en todo el mundo, también está cambiando, e incluso puede que acabe siendo paulatinamente eliminado.

Los cálculos que sustentan el Estado del bienestar de Suecia se basan en el supuesto de que la mayoría de los adultos trabajan a jornada completa y pagan impuestos al Estado. El Estado tiene que recibir más de lo que paga en forma de diversas prestaciones sociales y pagos de transferencia. Cuando una gran cantidad de personas que reciben prestaciones sociales no encuentran trabajo o no están dispuestas a trabajar, hay una crisis. Esto es exactamente lo que ha pasado en Suecia con sus políticas migratorias de izquierdas.

Un ejemplo destacado en los medios suecos es Filipstad, un municipio con más de 10.000 habitantes. Allí, el porcentaje de habitantes de origen extranjero ha aumentado desde el 8,5% en 2002 al 22,7% en 2018. Entre 2012 y 2018, el grupo nacido en el país disminuyó en 640 personas, mientras que el grupo de origen extranjero aumentó en 963. Los que se mudan de Filipstad son de origen sueco y están en edad laboral. Al mismo tiempo, al gestor municipal de Filipstad, Claes Hultgren, le preocupa que los inmigrantes recién llegados carezcan de las habilidades necesarias para ingresar en el mercado laboral. La consecuencia para municipios como Filipstad es que deben hacer recortes en los servicios de asistencia social que el Ayuntamiento tiene la obligación de suministrar.

Filipstad no es el único municipio que sufre recortes. Según un informe de la asociación Municipios y Regiones de Suecia (SKR, por sus siglas en sueco), en 2023 habrá un déficit de 43.000 millones de coronas suecas en las operaciones municipales y regionales si los costes aumentan de acuerdo con el crecimiento de la población y el Estado no añade más recursos de los ya planeados.

El comisionado municipal socialdemócrata en Strömsund, un municipio sueco de 11.699 habitantes, advirtió:

Todos los gastos corren a cargo de los municipios. Nunca habíamos tenido un desempleo tan bajo en el municipio entre los nativos, y, sin embargo, no damos abasto, y la explicación es que tampoco habíamos tenido nunca una tasa tan alta de paro entre los nacidos en el extranjero. Y acaban en la asistencia social, que en la práctica es ya, para muchos, un sustento de por vida.

Charlotta Mellander, profesora de Economía en la Jönköping International Business School, señaló lo siguiente sobre la crisis económica de los ayuntamientos:

Esto no es algo que haya pasado de la noche a la mañana, sino que las finanzas de los ayuntamientos han ido erosionándose durante mucho tiempo. Pero algo que ha afectado al problema es la recepción de refugiados en 2015, donde, desde el principio, los municipios que recibieron a la mayoría se encontraban en malas condiciones en términos de mercado laboral e integración. Y eso ha hecho que la situación sea aún más difícil.

Al principio de esta nueva década, a causa de la inmigración excesiva y las fallidas políticas de integración, Suecia se enfrenta a unos cambios culturales y económicos radicales que cambiarán fundamentalmente el país.

Hay una islamización en curso en algunas partes de Suecia, y las decisiones políticas que se tomen durante la década de 2020 influirán en el grado en que afecte esta islamización a la sociedad sueca.

¿Continuará la inmigración de asilo a Suecia desde los países musulmanes? ¿Seguirán las autoridades suecas financiando la cultura islámica con fondos públicos? ¿Adoptarán los inmigrantes la cultura sueca, o se mantendrá el fallido enfoque sobre la integración, y los suecos adoptarán cada vez más la cultura islámica?

Existen conflictos importantes entre estas dos culturas, así que la expansión de la cultura islámica en Suecia creará, sin duda, agitaciones de varios tipos. Hoy, hay más contradicciones que puntos en común entre las culturas islámica y sueca. La segregación es fuerte y las mezquitas se han implicado en escándalos varias veces a causa de los conflictos entre los valores del islam y los suecos.

Por lo tanto, la nueva década será inestable y decisiva para Suecia, y verá los grandes cambios políticos, culturales y económicos que inevitablemente se producirán.
Inmigración en Suecia: un ejemplo a no seguir Inmigración en Suecia: un ejemplo a no seguir Reviewed by RCE on febrero 16, 2020 Rating: 5

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