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En Yemen, los rebeldes hutíes cierran cafés, hostigan a las mujeres e imponen su orden moral

Llegaron de repente, armados hasta los dientes, y exigieron el cierre inmediato de Ofelia, el único café para mujeres en Saná. "El lugar de las mujeres es en casa. ¿Por qué siguen saliendo?", se pregunta un miembro de los hutíes, los rebeldes que controlan la capital de Yemen.


Esta es la única explicación que le dieron a la dueña del café, Shaima Mohamed, cuando pidió un poco de tiempo para advertir a sus clientas. "Nos pidieron que saliéramos de las instalaciones diciendo que estábamos haciendo algo mal", aseguró en Facebook.

En su página, Ofelia anunció el 19 de febrero que el establecimiento estaría cerrado "a partir de mañana por razones que escapan a nuestra voluntad".

El incidente refleja la determinación de los hutíes para imponer su propio orden moral en los territorios que controlan desde 2014 en el país, donde una guerra devastadora los ha enfrentado al poder central.

El propietario de un café mixto en Saná afirma que su establecimiento ha sido cerrado dos veces en tres meses, lamentando que la orden provenga de una entidad no gubernamental.

"Nos hubiera gustado que la orden de cierre emanara de un organismo oficial. Estamos en contra de estas medidas abusivas y estamos en contra de las restricciones que se imponen a las personas en la capital", dijo.

Provenientes de las montañas del norte, los hutíes, que pertenecen a la minoría zaidita (una rama del chiismo), lograron imponerse en Saná y parte del norte del país, apoyados en consignas como "¡Muerte a Estados Unidos! ¡Muerte a Israel! ¡Maldición sobre los judíos! ¡Victoria al islam!"

Convertidos en un grupo armado y disciplinado, estos rebeldes no ocultan su proximidad ideológica con Irán y desde 2015 se han resistido a una intervención militar liderada por la vecina Arabia Saudita, el país rival de Irán en el Medio Oriente.

"La situación en las zonas controladas por los hutíes es cada vez más tensa", señala Nadwa Al Dawsari, investigadora del Proyecto sobre la democracia en Oriente Medio (POMED).

"Los jóvenes combatientes son entrenados durante meses en las montañas, no solo aprenden a usar armas sino que también se les lava el cerebro en una versión radical del Islam chiita", dijo.

"Fueron entrenados por Irán, aprendieron a usar la desinformación para subyugar a las mujeres. Están construyendo un estado policial similar a Irán", añadió.

"Estos comportamientos son impactantes para la sociedad yemení que, aunque conservadora, ofrece espacios de libertad a las personas y cultiva el gusto por la música y el ocio", señala Adel Al Ahmadi, investigador especializado en hutíes.

"Es un movimiento ideológico (...) que ha pasado del estado de oprimido al de opresor", dice con referencia a las demandas originales del movimiento de una región marginada por el poder central.

El 13 de febrero, en la víspera del Día de San Valentín, los rebeldes golpearon a jóvenes en la calle por no cumplir con el código de indumentaria, dijeron testigos.

Los rebeldes rasgaron la camisa roja de uno de ellos con el pretexto de que simboliza esta fiesta considerada ajena a las costumbres del país.

En enero los barberos y peluqueros en Saná recibieron instrucciones para evitar hacer los cortes de pelo más populares entre los jóvenes.

Los rebeldes también hicieron campaña en escuelas y universidades contra jóvenes "mal peinados". Algunos incluso fueron exhibidos en las principales arterias de la capital, donde los hutíes les cortaron el cabello con grandes golpes de tijeras.

En la Universidad de Saná han formado grupos de intervención que "rastrean todo contacto entre estudiantes de ambos sexos en los pasillos", dijo la periodista y activista de derechos humanos Hemdan al Ali.

Más al norte, en Omrane, varios sastres recibieron la 'visita' de hutíes que les confiscaron los cinturones que a las mujeres jóvenes les gusta usar sobre sus vestidos negros para enfatizar su silueta. De acuerdo con los hutíes, eso las hace "excitantes".

La organización hutí responsable de la ayuda humanitaria envió una carta que reglamenta las oficinas de las organizaciones no gubernamentales en la región de Ibb, al sur de la capital.

AFP tuvo acceso a una copia de ese documento, que exige la "separación entre mujeres y hombres" y "prohíbe formalmente el intercambio de información personal entre hombres y mujeres".

La carta incluso va todavía más lejos y pide que las personas que trabajan en esas oficinas se abstengan de cualquier comportamiento que pueda provocar "risas, alegría y entretenimiento" .

El texto también prohíbe cualquier acción "que pueda reducir las barreras entre hombres y mujeres o eliminar la timidez".

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